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Hoy en día, el crecimiento económico y la globalización, se
identifican en el desarrollo de diversas actividades como la industria
petrolera, los servicios, la agroindustria y el incremento del consumo de
combustibles fósiles. Por otra parte, una de las consecuencias de este progreso
es la generación de un importante volumen de contaminantes, que al combinarse
con diversos factores ambientales como las altas temperaturas, radiación solar o
aire estancado, pueden dañar la salud humana, los ecosistemas y los recursos
materiales.
En Europa, más del 70% de la población vive en áreas urbanas,
por lo que el control de la calidad del aire supone uno de los principales
motivos de preocupación medioambiental. Este creciente interes por la calidad
del aire que respiramos ha hecho que numerosas entidades, como por ejemplo la
Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, hayan puesto en marcha
campañas de sensibilización de la población sobre el impacto de la calidad del
aire en la salud de las comunidades con el objetivo de que los ciudadanos
consulten los pronósticos de calidad de la misma para proteger su salud.
Para poder ofrecer estos pronósticos al público, los
especialistas utilizan una combinación de información sobre las concentraciones
actuales de diversos contaminantes, partículas y pronósticos de la
meteorología.
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